Cinco aspectos que definen la calidad - Burkina the revist

Cinco aspectos que definen la calidad

De los conceptos más retorcidos en el mundo del tabaco, la calidad es probablemente el número uno. Pero, ¿qué es calidad? Echadle una pensada, por favor. ¿Qué es calidad, además de la palabra más pisoteada cuando te quieren vender una fufa? Calidad, cuando no responde a una serie de criterios objetivos, es una palabra vacía en el lema de un anuncio de crecepelo. Independientemente de tus gustos, que son soberanos, aquí tienes cinco aspectos que sí definen la calidad de un tabaco y que afectan a su precio.

Criterios objetivos. Ni marca, ni presentación, ni origen del tabaco, ni historia, ni pasión, ni familia ni, mucho menos, el lugar físico de fabricación. Calidad es fabricar un cigarro con la mejor materia prima posible, con respeto a los tiempos y a los procesos, trabajar con honestidad y, sobre todo, conseguir consistencia de sabor, aroma y fuerza.

Lo demás es vestir al muñeco y darle vueltas por la feria.

Con eso no quiero decir que no haya otros factores que definen al tabaco, que ofrezcan otro tipo de ventajas, seguro que sí, pero NO son significativos de la calidad en la producción de un tabaco. Son cualidades que suman a la percepción final que el público tiene del producto, sin duda, porque no hay que olvidar que, además de que el tabaco esté bueno, hay que venderlo. Aquello de que «el buen paño en arca se vende» pasó a la historia hace mucho.

Una de ellas, sin duda, es la tradición familiar, que marca mucho el carácter de esta industria y la hace entrañable y cercana, pero, entendedme bien, aunque suene un poco drástico: que el abuelito fuera guajiro no implica necesariamente que el tabaco sea bueno.

1.- CALIDAD ES MATERIA PRIMA

El tabaco, como cualquier otro producto agrícola, es una materia prima que tiene grados de calidad y rendimiento. En el resultado final afecta un concepto, que se está importando del mundo del vino, que es el terroir, que engloba la riqueza y propiedad del suelo, la variedad de la semilla, la climatología y la mano del hombre y su cultura agrícola.

Lo que un cosechero o un ingeniero agrícola busca cuando siembra no es sólo que crezca sano y fuerte y se convierta en materia prima de primera, sino que el resultado sirva para un destino concreto. En cierto modo, se intenta doblegar a la naturaleza para que la planta se desarrolle hacia una sola opción entre infinitas posibilidades y dificultades.

Hay vegas, como el famoso «tapado», que se usan sólo para cultivar capa, pero eso no quiere decir que todo el tabaco que se coseche en esa tierra vaya a servir para capa. Es la hoja más cara, entre otras razones, porque los rendimientos de las vegas de capa son bajos. Si de todo el tabaco sembrado, sólo un 30% sirve para capa, aunque el resto se use para capote, tripa y subproducto, el resultado es más caro.

En esta calidad y rendimiento influyen los factores que componen el terroir. Uno de ellos, el clima, el más determinante de todos, está en gran medida fuera del control humano. Que la temporada resulte demasiado húmeda o demasiado seca o que no sople brisa provoca que la misma semilla, sembrada en la misma vega por el mismo cosechero pueda ser un año extraordinaria y, al siguiente, decepcionante.

Pero el objetivo no es sólo la calidad, sino, en función del destino del tabaco, la regularidad: es decir, que a pesar de la tierra, la semilla y el clima, la mano del hombre consiga que todas las plantas de una vega, todos los años, se parezcan entre sí lo máximo posible, que valgan para el papel que se les tiene reservado y, así, den continuidad a la producción de años anteriores.

2.- CALIDAD ES PROCESO

El tabaco cosechado hay que procesarlo para que se pueda fumar. Y esto requiere una buena dosis de un ingrediente que es, probablemente, el más caro: el tiempo. No sólo es un argumento de venta (muchas veces no ajustado a la realidad), es, además, lo primero que preguntan muchos cuando hablas de los procesos: ¿cuánto tiempo…?

CINCO PROCESOS

Pues depende. Depende de la calidad de la materia prima y de lo que quieras conseguir. Por norma general, se dice que el proceso viene a durar no menos de dos años, desde la semilla hasta la tienda. Esto es un estándar que hace comprensible un proceso muy complicado y con una enorme variedad de opciones.

La realidad es que es perfectamente posible tardar menos en hacer un tabaco. Más rápido, menos proceso y, por tanto, más barato. El tabaco se puede fermentar una vez y terminarlo con el llamado «mulling» (fermentación forzada en una habitación en la que hace más calor que en el puto infierno) y listo. Pero hay fabricantes que hacen eso y otros que someten a su tabaco a dos fermentaciones largas y lentas y hasta a una tercera, de afinamiento.

Esto es más caro porque se tarda más tiempo, se emplean más medios y más personal y baja el rendimiento (causa más merma en la producción). Pero el tabaco resultante es más rico, más complejo, más redondo, más profundo. No agrede, no tiene aristas… Tiene sabor y balance.

Con el añejamiento en paca, pasa lo mismo. Más tiempo, más dinero. Un fabricante que tiene parados millones de euros en materia prima esperando su turno para formar parte de un cigarro tiene un coste financiero muy elevado. Al final, es tabaco que ya ha pagado o costeado y cuyo rendimiento económico aún tardará en producirse.

El respeto a los tiempos y los procesos es esencial para el punto cinco de esta entrada. Y es caro, porque cuanto más tardes en hacer el tabaco, más te cuesta.

3.- CALIDAD ES REZAGO

¡Selección! Un tabaco bien seleccionado es más caro porque provoca un porcentaje alto de descarte y, por tanto, baja el rendimiento. Esto lo puede entender cualquiera. Los rezagos, más de uno, son inspecciones por las que pasan las hojas del tabaco, una a una, todas ellas, sin excepción. Generalmente, las rezagadoras son mujeres porque se fijan más en los detalles, son más diligentes y mucho más exigentes.

Los rezagos no sólo son una clasificación por textura, color y tamaño del tabaco, sino, sobre todo, por calidad. Eso quiere decir que si son exigentes, tienen el listón de la calidad alto, más hojas de tabaco irán a cumplir una función inferior al destino para el fueron cosechadas.

Por seguir el ejemplo de la capa y para que sepáis por qué cuando vais a comprar un cigarro, la capa tiene que mostrar un aspecto que justifique su precio. Un rezago exigente de capa lleva a que solamente el 10% del tabaco que originalmente se ha cosechado, secado y fermentado para ser capa acabe luciendo como capa de un puro premium. Un tabaco por el que el fabricante ha pagado más, porque es capa, y que en sus rezagos acaba siendo seleccionado para capote o, incluso, para tripa es un tabaco MUY caro.

Y cuanto más fino sea el cedazo, más calidad y más precio.

Por supuesto, cuantos más rezagos, más filtros, más descartes… Más caro. Pero en el tema de la capa, sobre todo, y en el capote también, aunque menos, un fabricante de calidad aplica rezagos muy exigentes porque sólo se admite la perfección.

4.- CALIDAD ES ORGULLO DE TABAQUERO

Artesanía fina. Le pregunté a Ernesto Pérez Carrillo, cuando pude visitar su fábrica: «Ernesto, ¿dónde tienes las máquinas de tiro?«.

Ya sabéis. Esas máquinas chuponas que comprueban el tiro de los bonches, de los cigarros aún sin encapar.

Hasta donde yo sé (conozco de primera mano y he visto) no es verdad que toda la producción pase por la chupona. Estas máquinas se usan para los muestreos estadísticos de los responsables del control de calidad, por lo que ofrecen datos de productividad pero no impiden, ni mucho menos, que el error se dé.

Las chuponas son un falso mito. Como lo es la afirmación infundada de que los tabacos que se hacen con bonchera tiran todos. ¡Error! La bonchera es una herramienta para el tabaquero pero no sustituye, ni mucho menos, su pericia, su habilidad y su orgullo de tabaquero. Le ayuda, pero con bonchera también se producen errores.

Los tabaqueros (torcedores, boncheros, roleros), hombres y mujeres, son artistas y se les paga, generalmente, en función de su productividad. Si hacen más tabacos en un día, cobran más… Siempre que los tabacos estén bien hechos. Para controlar la calidad de la producción, la única máquina aceptable es una persona que, generalmente, es un tabaquero superior, que hace de «supervisor de galera». Este sí controla toda la producción. Y lo hace con los dedos y a toda leche. Tanto que si tú pasas detrás de él y tanteas los descartes (cosa que yo he hecho en muchas veces), tienes que preguntarle el motivo. Te aseguro que no lo pillas.

El tabaquero bueno se queda si le pagas bien. Si no, se va. El tabaquero bueno siente el orgullo de su profesión, que es clave en el mundo del cigarro premium, y presume de sus elevados ratios de cigarros aprobados/día. No es sólo el dinero: es orgullo de tabaquero.

Yo no tengo máquinas de tiro – me respondió Pérez Carrillo-. Mis tabaqueros son artistas.

Y 5.- CALIDAD ES CONSISTENCIA

Todo lo dicho hasta aquí, el terroir, el ojo del cosechero, el proceso, el tiempo, los almacenes llenos de pacas, los rezagos y descartes y el orgullo de tabaquero está enfocado a un objetivo: conseguir la consistencia de sabor.

En el tabaco, esto es lo que se persigue; para esto se invierte en medios y personas: calidad es consistencia.

Lo ideal, y lo caro, es obtener, año tras año, el mismo resultado de sabor, aroma y fuerza que, después, va a defender la marca en el mercado. Pero no para que guste a todos los fumadores, lo que sería una pretensión absurda. Lo que se quiere es que al que le gusta el sabor de esa marca vuelva a buscarlo y lo encuentre. Que no suceda que dos tabacos de una misma marca, por más que sean de años diferentes, sepan un día a fresa y al siguiente, a menta.

La naturaleza ponen mil impedimentos para que la consistencia se dé. El maestro de ligas, el supervisor y el tabaquero toda su ciencia para corregir y superar las dificultades, con tiempo, proceso, rezago y orgullo de tabaquero.

No es de extrañar que haya gente como Litto Gómez, de La Flor Dominicana, o Eladio Díaz, de Davidoff, y tantos más que dicen que, independientemente de la demanda que haya en el mercado, si disponen del tabaco que garantiza la consistencia de sabor, lo mandan fabricar. y si no, no. Aunque, se desabastezca el mercado.

Sería sencillo ponerle una anilla a cualquier tabaco parecido y lanzarlo al mercado. Ellos saben muy bien, y vosotros lo sospecháis, que un porcentaje muy alto de fumadores no notaría la diferencia. Pero no se trata sólo de ser consistente. Además, hay que ser honesto.

ES UNA MIERDA, PERO ES MI MIERDA

En una ocasión, un señor muy listo, relisto, que sabía mucho, pero mucho, de tabaco, se acercó a un tabaquero con la intención de conseguir que contratara a su fábrica para elaborar parte de la producción de su marca. Yo estaba allí. No me lo han contado. El señor listo le dio candela a uno de los tabacos que aspiraba a producir y lo destrozó: mal sabor, poco equilibrio… Lo puso verde.

El dueño de la marca lo miraba por encima de las gafas con cara de póker.

Después del primer tercio, el señor listo, Calisto, empezó a dudar de que la composición de la liga fuera la declarada. Iba fumando y decía: este capote no es tal… Este tabaco no tiene ligero… Yo tengo un primo en el Laguito… Argumentos todos de venta personal, nada más. El dueño de la marca, que es listo de verdad, le invitó a que desmontara el tabaco y le dio pie a que siguiera hablando.

Con el tabaco desmontado, el aspirante a fabricar el cigarro acabó de patinar del todo. «Este capote es Indonesia«, dijo con desprecio, mientras sostenía con dos dedos, como si le diera asco, la hoja de tabaco claro que había cumplido honrosamente su función de sujetar la tripa.

Al final, cuando ya hubo destripado el tabaco y dicho sin tapujos, ni cortesía ninguna, todo lo que pensaba de él, se ofreció al dueño de la marca para fabricar tabacos mucho mejores.

El dueño, que había asistido al destripe de su tabaco impertérrito y prácticamente sin decir nada, lejos de parecer enfadado por tan severa crítica, se sonrió y, mirándole a los ojos, le dijo:

Quizá tengas razón y mi tabaco sea tan malo como dices. Es tu opinión y yo la respeto, aunque no la comparto. Tienes que saber que ese tabaco se vende ya en 26 países del mundo. Hay una buena cantidad de consumidores que van a buscarlo a la tienda, porque, aunque tú pienses que es un mal tabaco, a ellos les gusta. Yo no quiero mejorarlo. Quiero que siga siendo igual porque será una mierda, no te digo que no, pero es consistente. Es mi mierda, y eso va a seguir siendo.

Consistencia. Quedaros con la palabra y exigirla.

8 comentarios de “Cinco aspectos que definen la calidad

  1. Roberto dice:

    Me he echado unas risas con la anécdota del Calisto, cuanto atrevido hay por allí… Pensé que el dueño le iba a sugerir, ante tal despliegue de conocimiento, que se montase su propia marca y se hiciese millonario por su cuenta.

  2. Diego Galán dice:

    Fabuloso artículo para apreciar los buenos tabacos, que al fin y al cabo son los que a tí te gusten, porque de eso se trata que después de que pasen años tú sigas defendiendo y disfrutando ese cigarro que fumas desde hace años. Excelente artículo.

    Un abrazo

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      Depende… Jajajajajaja… Tengo una anécdota con eso. QUizá algún día me encaje contarla. Cada fabricante hace con los descartes lo que cree oportuno. Hay cigarros que se pueden reparar… Otros, no. Algunos se guardan, otros van a la picadora. Depende. UN abrazo

  3. JM Ortega dice:

    Gracias Javier por compartir tu opinión, y sobre todo por recordar lo importante que es «el gusto individual de cada uno».

    Creo que hay una diversidad de tabaco muy amplia y dentro de esa maravillosa amplitud hay mucha calidad, y cada uno se debe de buscar «su» mejor tabaco. No hay que olvidar que cada uno tiene una cartera, y hay que buscar ese mejor tabaco para esa cartera, jejeje, y tu artículo ayuda a ello.

    Un saludo.

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      Muchas gracias! Todo el blog está orientado, en el fondo a eso: intento presentar todas las opciones que hay, que nadie se cierre a una ortodoxia cerril, y después, respetar los gustos de cada uno, que son soberanos. Contra eso, no hay literatura que valga. Me alegro de que te haya gustado y, más, de que te sea útil. Un abrazo

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