De otra época - Burkina the revist

De otra época

Siempre he creído que la elegancia es una actitud, no un vestido. Una forma de comportarse que, quizá, es propia de otra época, no tan lejana en realidad, salvo en lo tecnológico. Aquella edad de papel y tinta, ya olvidada, en la que había gente, como Jesús, que sabía que hay momentos en la vida para ser sinceros y otros para ser sencillamente corteses. La noticia de la muerte, repentina y temprana, de Jesús Fernández Montes, me ha pillado camino de Barcelona, montado en ese tren que es como el tiempo, veloz e inexorable.

Y no he podido despedirme de él, así que voy a intentar hacerlo a mi manera. No sé si voy a ser capaz, porque la verdad es que estoy muy triste, pero es más que eso: estoy en shock. Porque es una enorme pérdida para todos los que le hemos conocido. Llevo dos días pensando en él, como si hubiera muerto mi hermano mayor, alguien que, en mi escala, estaba mucho más cerca de mi generación que de la muerte.

Jesús era para mí más que un amigo, un referente, alguien a quien aspirar. Maestro de tantas cosas y no estoy hablando sólo de tabaco. Era un hombre de atentas maneras, amable, impecable en el trato, recto en todo momento, honesto, exquisito, confiable… Un caballero discreto, la esencia de la elegancia, más propio de esa época a la que tanto le gustaba regresar, sin pesadas nostalgias ni tristezas, que de estos tiempos en que los gritos pueden más que las razones.

Me ha dejado a medias, porque, como todos, pensaba que con Jesús podía terminar de hablar lo que tuviéramos pendiente en cualquier momento, pero no. Ya no. No más. Un sentimiento que alimenta aún más una incredulidad que me mantiene perplejo, paralizado, mirando sin ver a través del vacío de la ventanilla de este tren como si el desenfocado paisaje que se sucede ante mis ojos sólo fuera el ruido que nunca hacía Jesús, ni al llegar ni al irse.

Y así, como era él, se ha marchado: sin hacer ruido.

¡La semana pasada estuve un rato charlando con él! Quería que le diera un sábado para ir a su estanco, Cava Somosaguas, a ejercer de BA de Davidoff, como he hecho tantas veces en los últimos seis años.

Estoy difícil últimamente. Ya le daré una respuesta, pensé.

Vaya agenda chaval!!! – fue su último mensaje – pues si quieres busca sábados en diciembre porque es buena época de regalos Davidoff! Quedo pendiente. Un abrazo.

BLANCO VILA

Estaba seguro de que encontraría un sábado por la mañana en diciembre para dedicárselo a Jesús. Me encantaba hacerlo, además, porque, a pesar del ajetreo, siempre encontrábamos un momento para compartir un cigarrito Punch en la puerta del estanco, al sol del invierno o a la sombra en verano. Y como fumar es recordar, Jesús desmadejaba el ovillo de su memoria y volvíamos al tabaco, a la feliz década de los 80, a Luis Blanco Vila (mi padre) y a tantos otros de aquellos años que ya no están.

He sabido más de los avatares de Blanco Vila en sus años de Tabacalera por Jesús que por boca de mi propio padre. A veces se repetía, pero cuando una historia es buena, se puede contar muchas veces y siempre es bonito oírlo. Como la historia de la imitación de José Manuel Rodríguez Gordillo, que fue un vacile de manual a mi padre. Jesús era un imitador. Cuando te contaba algo de alguien siempre lo hacía imitando la voz y los gestos del referido ¡y lo hacía bien!

Por lo visto, un día, en el despacho de la calle Barquillo, antigua sede de Tabacalera, a Jesús le dio por imitar a José Manuel Rodríguez Gordillo, el gran compendiador de la historia del tabaco en España, y mi padre salió inmediatamente de su cueva y preguntó: «¿Dónde está Gordillo?«.

Jesús, sin reírse (mi padre era su jefe), le dijo que no, que Gordillo no estaba allí.

Juraría que le he oído hablar – aseguró mi padre.
Pues no, Luis. Ya ves que no está aquí.

¡Y se lo hizo dos veces! Al poco, volvió a imitar a Gordillo y mi padre salió de nuevo…

¡Ahora sí que le he oído!

Pero, claro, tampoco. Lo mejor de todo es que nunca confesó, con lo que, imagino, mi padre se quedaría pensando que estaba empezando a desvariar…

De hecho, en el estanco de Somosaguas, según entras, a la izquierda, hay colgada una foto de mi padre. Están posando los dos juntos, en un acto del Club de Fumadores por la Tolerancia, con Leopoldo Cifuentes y, al menos, Rafa Cifuentes (Partagás y Cifuentes). Me hace pensar que con Jesús mi padre muere un poco más, porque se ha llevado consigo una parte de su memoria.

Con Jesús se ha ido un buen trozo de la memoria del tabaco en España. Me gustaría poder creer que ahora mismo está con Blanco Vila y que le está vacilando… Con elegancia. Como se hacía antes. En otra época.

20 comentarios de “De otra época

  1. Guillermo Blanchart Fernández-Montes dice:

    Qué grande era mi tío!
    Una gran persona, una gran pérdida!
    Bonito homenaje, era tremendamente simpático y divertido!
    Que descanse en paz, un cordial saludo.

  2. Norberto dice:

    He tenido la inmensa suerte de ser cliente suyo estos últimos años, he pasado mucho tiempo en su cava, disfrutando de su carisma, su nobleza y su enorme sabiduría.
    Me quedé en shock cuando leí la noticia, estoy muy triste… pero voy a encenderme mi cigarro favorito en su honor, del cual tengo una caja gracias a que él me la consiguió…. Es mi pequeño homenaje a gran Don Jesús, le voy a echar mucho de menos.

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