Flying Pig Drew Estate - Burkina the revist Novedad

Flying Pig Drew Estate

No os voy a contar que alguien se ha peleado duro para poder traer a España una muestra, pequeña, de los Flying Pig de Drew Estate porque aquí, en Burkina The Revist, estamos a favor de la verdad, pero en contra de la violencia. Pero así es: alguien se lo ha peleado. Y ya están. Llegando a los estancos, tal y como os conté ayer en Burkina The Ñus, el Podcast, Episodio 2.

BURKINA THE ÑUS – EL PODCAST

Dadle un chance al podcast, por favor. La cosa sólo puede mejorar. Lo estoy haciendo, y me cuesta sudor sacar cada episodio (espero que, según vaya aprendiendo, me sea menos pesado), porque a raíz del confinamiento duro del año pasado, me aficioné a los podcast y me pareció una manera muy buena de ofrecer contenidos porque, a diferencia del blog y los vídeos, no absorbe completamente tu atención. Puedes escucharlo mientras haces cualquier otra cosa.

Lo que faltaba por contar ayer, en el podcast, de la salida al mercado de los Flying Pig de Drew Estate era el precio, que se publicó después de grabar el episodio, y que los vierais, claro, que eso no se puede hacer en el podcast, aunque los describí, creo, de una forma bien gráfica al contar su formato.

A mí, de pequeño, me los ponían para que no me mareara en el coche.

DREW ESTATE LIGA PRIVADA FLYING PIG

La marca Drew Estate revolucionó el mercado clásico de los puros en Estados Unidos. Hay un antes y un después de la interrupción de Jonathan Drew, y su panda de hiphoperos, en la escena tabaquera americana, de la que se ha beneficiado mucho la industria porque, gracias a ellos, y a la imagen moderna y alejada de toda la parafernalia convencional del tabaco, fumar puros dejó de ser aquello que hacía mi abuelo.

Dentro de su amplia y moderna oferta, la estrella es Liga Privada, el cigarro del jefe, de los que el nº9 se convirtió pronto en su buque insignia. Vienen ahora tanto ese nº9, como el T52 (mismo cigarro, con distinta capa), en ese formato Flying Pig que es un doble figurado redondeado y aparentemente pequeño, porque sus medidas son 100 mm x cepo 60. Que no te engañe su aspecto, porque su liga tiene siete tabacos, está muy bien hecho, muy compacto, tira de lujo, quema despacio y dura un rato largo.

Yo aún no lo he fumado, en este formato, pero puedes estar seguro de que, si fumas despacio, es un tabaco para una sobremesa larga. Además, vas a llamar la atención cuando lo enseñes. Eso seguro.

DOS CAPAS DIFERENTES

Que no te eche para atrás el precio: 19’90 euros por cigarro (precio en estanco a 15 de febrero de 2021, pero podría variar). Es un señor Don Tabaco, de calidad inmensa y a prueba de bombas, intenso, para fumadores exigentes y, como te he dicho, a pesar de su aspecto, ofrece una fumada muy larga. Súmale que ha llegado escaso, en poca cantidad, que ha habido pelea dura para que lo tengamos y anímate a probarlo, que vale cada euro que cuesta.

La diferencia entre el Nº9 y el T52 es la capa. El nº9, el cigarro del jefe, lleva una capa Broadleaf estadounidense, sobre un capote de Mata Fina (Brasil) y cinco tabacos diferentes, todos de semilla habano, sembrados en Honduras y en Nicaragua. Es una fumada de intensidad medio fuerte, aunque con el formato Flying Pig presumo que el final, sobre todo si haces un corte no muy grande, tiene que ser aún más intenso. Da un humo denso, sabroso, con sabores de tierra, un dulce especiado, amargos elegantes tipo café expreso, jengibre y hasta sabores balsámico.

En su día le hice una cata de un minuto al formato toro, en la que creo que se nota bastante, además de que estaba en el pueblo y eso contribuye siempre a mi buen humor, mi entusiasmo por el tabaco:

Dos horas fumando un 152 mm x 52. El Flying Pig, estoy convencido, va a ser lo mismo. De hecho, me voy a pillar un T52 y le voy a hacer cata de un minuto también.

AMERICAN HABANO

El T52 lleva la misma ligada, salvo la capa que es una bautizada «American habano», también sembrada en Estados Unidos y que llegó a manos de la gente de Drew Estate casi por pura chamba, porque pasaban por allí. Cuenta Jonathan Drew que fueron a Connecticut a comprar Broadleaf y dieron con un granjero que estaba haciendo un experimento con un tabaco «Stalk cut». Ese tabaco no se cosecha por hojas, sino que se corta por el tallo, se clava sin compasión en el cuje y la planta entera se cuelga boca abajo en el rancho de curación.

Así, se consigue que el tabaco acabe confesando hasta lo que hacía de joven con su prima en el pajar.

Dice Drew que, después de unas horas de inspección, estaban impresionados e intentando disimular su entusiasmo, porque era exactamente «lo que habíamos estado buscando por todo el maldito mundo«. El cosechero, sin embargo, se quejaba de que era un experimento y que iba a dejar de hacerlo a menos que encontrara un comprador que estuviera dispuesto a mirar más allá de una cosecha, comprometerse y pagar el precio que requiere cultivar la capa como es debido.

Tuvo suerte, porque allí estaban los chicos de Drew Estate, dispuestos a pagar el precio caro de esa capa y a mantener su cultivo año tras año, «todo sea por la capa«, dice Drew. Y razón tiene. Esta historia es la que hay detrás de ese T52 de Drew Estate Liga Privada.

19’90 euros, insisto, pero vale cada euro. Estará llegando ya, o casi, a los mejores estancos, en cantidad muy limitada y cajas de 12 unidades. No te lo pierdas.

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