Hace tiempo que le estoy dando vueltas a cómo plantear una entrada sobre la ceniza. La idea es ofreceros un sermón de la montaña, aburrido y sesudo como acostumbro, sobre los mitos de la ceniza del tabaco, pero no me resulta fácil. Hay mitos sobre la ceniza que están bastante arraigados pero, aunque puedan tener una base de realidad, no se deben tomar por verdades absolutas. En este mundo hay tantas verdades como fumadores, y todas tienen su validez. Si, normalmente, la respuesta correcta en el mundo del tabaco es «depende», la ceniza es seguramente el GRAN depende.

No resulta fácil, además, porque existe, en mi opinión, una desmedida idolatría por la ceniza. Lo entiendo, porque nos pasa a todos. Los fumadores de puros somos adoradores de la ceniza. Nos encanta una ceniza larga y bonita, bien colocada en el cenicero como una longaniza fósil cortada en secciones. Nos hipnotiza que la ceniza se quede sujeta en el tabaco, en precario equilibrio, y hasta alguno se arriesga al esguince cervical, fumando boca arriba para que mantenga su reto a las leyes de la física.

Pero lo cierto es que la ceniza no vale para nada. Es el pasado. Un detrito. Un resto glorioso y polisémico. Al contrario del famoso verso de Quevedo, tantas veces citado en Burkina The Revist, «serán ceniza, mas tendrán sentido», la ceniza de un cigarro no ofrece nunca un significado claro. No revela nada, porque son tantos los factores que influyen en su color y en su firmeza que no es posible sacar conclusiones ciertas de su lectura.
Rectifico: la ceniza en el tabaco sirve para una cosa.

La foto se la he robado a Luc Monnet, que es probablemente el mejor fotógrafo del tabaco. Síguele en Instagram si quieres apreciar la belleza del tabaco.
CENIZAS CON SENTIDO
En este punto sí que podemos rescatar a Quevedo. Cenizas con sentido. En ese invernadero de Jamastrán, Honduras, se puede ver como las diminutas semillas de tabaco son cubiertas con una capa de ceniza porque es un fertilizante excelente. De hecho, yo me he planteado la romántica posibilidad de donar mis propias cenizas a Plasencia, cuando me llegue el momento… Tampoco tengo prisa… Con la idea de reciclarme, acabar convirtiéndome en parte de un tabaco premium. Incluso, por qué no, cenizas a las cenizas, iniciar conmigo un ciclo interminable de la vida.
Bromas negras aparte, como fertilizante, sí que sirve la ceniza. Aunque, creo recordar, las que se echan sobre las semillas de tabaco no son cenizas de puros ni, desde luego, humanas: son de madera quemada. La ceniza es un resto inorgánico que aporta elementos, sobre todo potasio (fósforo, sodio…), al terreno y eso sí que es esencial. Faltaría sólo el nitrógeno para que la tripla fundamental de elementos esté presente. Os recuerdo que esos tres elementos esenciales son fósforo, nitrógeno y potasio (PNK). El nitrógeno no está en la ceniza porque con la combustión se volatiliza.
El potasio es muy necesario para que el tabaco queme. Siempre se dice que una finca en la que se han sembrado bananos, que absorben todo el potasio, queda inservible para, después, sembrar tabaco. Sin potasio, las hojas de tabaco se ven preciosas, pero no queman. Escribo un poco de oídas, lo confieso. Si hay algún químico en la sala y arde hasta la ceniza en deseos de rectificar este párrafo, por favor, que no se corte.
SABOR SALADO
Aparte de ese uso, la ceniza sirve para poco más. Es un elemento que, en general, no nos proporciona una información decisiva que defina la calidad de un cigarro. Es un detrito inorgánico y de los restos, aunque fuera fácil leerlos, se puede sacar una conclusión y su contraria, pero, en cualquier caso, si lo piensas bien, resulta un poco absurdo. Lo digo porque si te acabas de fumar un buen tabaco, ha tirado como es debido, ha quemado bien y regular, te ha ofrecido un sabor bueno, equilibrado, profundo, largo y si, en definitiva, lo has disfrutado… Si todo esto ha sucedido…
¿Por qué te preocupa tanto la ceniza? ¿Qué información extra te puede aportar? Si has disfrutado el tabaco, de la lectura de su ceniza, ¿puedes obtener alguna información que te arruine el momento? ¿Un defecto que te impida, en una próxima ocasión, volver a fumar ese tabaco? Algo en plan «Estaba muy bueno, muy rico de sabor y aroma, buen tiro, buena quemada, pero la ceniza una mierda». Yo creo que no.


En alguna ocasión, en el pasado, he asistido a catas de cigarros en las que, al final, hacían una valoración de la ceniza y es corriente, pero, de nuevo, en mi opinión, informativamente lioso que en las revistas se hable del color y firmeza de la misma. No sé tú qué piensas, pero cuando yo leo en una cata que la ceniza de un puro es gris me parece una obviedad. Pero, más aún, he visto a expertos probar la ceniza. ¿Para qué? ¿Qué conclusión sacas de probar la ceniza?
Haz la prueba y me dices. Mójate con un poco de saliva la yema del dedo, impregnala de ceniza y llevátela a la boca.
Es salada. Son los minerales y sales como el hierro, el magnesio, el sodio, el zinc, el flúor y otros elementos de la tabla periódica que, en mi caso, sirven para rellenar crucigramas. ¿Alguna vez lo has hecho? Seguro que hay un buen motivo como comprobar que, efectivamente, es salada, pero yo lo desconozco. Si tú lo sabes, estaré encantado de leerte y aprender. La ceniza tiene un sabor salado, mineral y químico…
EL COLOR DE LA CENIZA
La ceniza de un cigarro es gris. Efectivamente. Vamos con el siguiente mito.
Bromas aparte, quizá de la única parte de la que podamos obtener alguna información es del color, pero hay que tener en cuenta una serie de elementos que, de nuevo, lo convierten en un gran depende y añaden incertidumbre. Pero, de nuevo, resulta una información poco útil y repetitiva porque casi todo lo que deja señal en el color de la ceniza, los has notado antes en nariz y boca.
La ceniza del tabaco es gris, en una escala muy amplia desde la más clara, casi blanca, a la más oscura, casi negra. En sus diferentes tonos influyen cuestiones como la capa, que es la hoja exterior y define mucho el color externo de la ceniza; los elementos del suelo; el proceso y la conservación del tabaco.
La ceniza sí te puede dar información sobre la tierra en que se ha cultivado ese tabaco. En el hipotético caso de que todo el tabaco del cigarro viniera de la misma vega, quizá podría darte alguna información relevante, sobre todo, si estás escribiendo un tratado de agronomía o si te quieres marcar un moco con los colegas: mira, tu ceniza me dice que ese suelo es rico en potasio… ¡Mocazo! Sólo lo puede superar que el colega te responda: «Lo estoy notando y no me gustan los tabacos subiditos en potasio…»
Yo los prefiero de fósforo.


Pero, ¿qué pasa cuando el tabaco de un puro procede de cinco países diferentes con cinco culturas agronómicas distintas? De nuevo, la respuesta es incierta. Según los elementos de la tierra, se dan colores diferente. Por ejemplo, una vega rica en hierro puede ofrecer tonos marrones; el potasio, que quema bien, tira hacia el blanco; el carbono y el amoniaco, que queman mal, al negro y se tiende a decir que es un tabaco peor, ¡o que tiene peor proceso! Si la ceniza es muy negra puede ser porque a algunas de las hojas les falte fermentación, pero, de nuevo, eso ya tienes que estar notándolo tú en la boca y, el que está a tu lado, en la nariz.
Las cenizas claras indican que la combustión ha sido más limpia y completa. Un tabaco bien procesado, quema mejor y tiende a dejar una ceniza más blanca, como sucede con la capa maduro natural. Un tabaco con menos proceso, oscurece más su detrito, pero tampoco es determinante porque un cigarro que tenga exceso de humedad (y eso no sería ya culpa del cosechero) también ennegrece su ceniza.
Toda esta información responde a tantas causas como niveles hay en una escala de grises y resulta del todo innecesaria. La ceniza es el resultado final de algo que antes ha tenido que pasar en tu nariz y en tu boca. Si el tabaco ha fumado rico, leer sus cenizas sólo te puede llevar a incrementar tu desconcierto.
LARGAS CENIZAS
El color y el sabor (?) de la ceniza no nos ofrece una información determinante y claro, pero tal vez su firmeza… Tampoco. Está generalmente aceptado que un cigarro que hace una ceniza dura, larga y firme es mejor que uno al que la ceniza se le cae constantemente.
Esto es falso. Siento decirlo.
Los motivos por los que una ceniza es firme y dura tienen más que ver con la cantidad de tabaco, el tipo de relleno, el piso foliar del que han salido, su textura, incluso, con el grosor de la capa que con la calidad o con su buena construcción. Lo voy a volver a decir, porque si no lo hago, no sería yo: calidad en el tabaco es consistencia, pero un tabaco cuando está bien construido, tira, quema y da sabor.
La calidad nunca viene expresada por la ceniza.
CONSISTENCIA ES LA CALIDAD EN EL TABACO
Pongamos un caso: un cigarro de calibre fino, con una capa Connecticut y tirando a más bien suave, es decir, sin tabaco ligero en la tripa, no te aguanta un dedo de ceniza. Si lo intentas, ten cuidado con la camisa. Al contrario, una cigarro con una capa gorda de sol, con mucho tabaco en la tripa, incluido una parte proporcional de ligero, te va a dar una ceniza que, para liberarla, igual tienes que usar una radial.


Es más. Que la ceniza resultante esté dura como una piedra no garantiza que el tabaco esté bueno. A lo mejor lo único bueno del tabaco es la ceniza porque el resto es un moñigo que no hay quien se lo fume. Que la ceniza se mantenga en el cigarro hasta el cabo no implica, necesariamente, que el tabaco sea bueno.
Y viceversa, claro.
LIBERA LA CENIZA
Llegados a este punto de la misa de hoy, siento haberos llenado el coco de tanta incertidumbre, pero, como habéis podido leer, hay pocas certidumbres respecto a la ceniza del puro y su interpretación no proporciona, en mi opinión, una información concisa y meridiana. Hoy no se trataba tanto de ofrecer certezas, sino de desterrar falsos mitos.
Sí hay una cosa que no sólo es cierta sino que, además, lo es justo en un sentido opuesto a lo que la mayoría de los fumadores piensa: no es bueno mantener la ceniza del puro entera, hasta el final. Es difícil, es un reto, es bonito, pero libera la ceniza de tu cigarro y hazlo, además, con método y respeto. No hace falta que le des de collejas al puro, atizándole con el dedo como si fuera un cigarrillo, para que suelte la ceniza. Apoya la ceniza sobre la arista del cenicero y ejerce una leve presión para que se suelte delicadamente. Eso sí: inmediatamente después, dale una buena calada al puro. Suele pasar que, en esta maniobra, parte de la brasa se vaya con la ceniza y tienes que darle un poco de alegría al fuego o se te puede apagar el tabaco.
La ceniza del cigarro bloquea la oxigenación, manteniendo la temperatura a raya. Ese equilibrio se produce con un par de centímetros de ceniza. No más. De vez en cuando, el tabaco tiene que permitir el paso del aire porque si lo ahogas, para avivarlo, estás obligado a darle caladas más rápidas y continuas. Nunca lo he hecho, pero apuesto a que si quieres una ceniza larga, nada como fumar rápido.
Por eso, aunque a todos nos gusta ver una ceniza larga y firme, conviene liberar el cigarro cuando tenga, más o menos, ese medio dedo ya es suficiente. Con eso, además, te ahorras que se te caiga encima, que la brasa que libera te queme la camisa o que montes, sobre el mantel, la clásica zorrera de cenizas (a todos nos ha pasado).
Libera la ceniza. Hazme caso. Un par de centímetros es suficiente. Tu misión en el tabaco es disfrutar fumando. Concéntrate en eso y deja los análisis y los estudios a los fabricantes; recuerda que la ceniza no te va a decir nada que no sepas ya y, sobre todo, que si el tabaco está bueno… ¿Qué más te dan cómo sean sus restos?
- Burkina The Ñus – Episodio 69
- Fino
- Al rico Conérico
- Burkina The Ñus – Episodio 68
- A propósito de Avo



Magistral, cum.laudd, se ne acaban los elogios. Y siempre co tu humor negro. Plasencia pagaría por esa ceniza.
jajajajajaja… Estoy negociando! Gracias, un abrazo
Yo me sé decir que el salado de la ceniza, de las veces que he comido, pueda ser sobrevenido del magnesio.
Sí creo que, como dice el Maestre, conviene dejar siempre un dedo de ella; creo que ayuda a que la brasa se estabilice, absorbe la humedad del exterior y la del propio hálito.
Eso de fumar buscando un cilindro de ceniza, y regodearse de ello en Instagram como cochino en barrizal, lo veo muy rollo «pose». No creo que sea cómodo fumar así.
Lo que también digo es que, para purgar el cigarro, y esto yo sí lo veo cosa de fuste y seso, hace falta sí o sí quitar la ceniza y dejarla al ras.
A todas las demás teorías y ensayos sobre la ceniza solo cabe decir: efectivamente y no.
La ceniza son sales minerales… Magnesio, sodio, potasio, fósforo. Es salada. Efectivamente. Todo lo demás, como bien dices, es esto y justo lo contrario y tantas teorías como fumadores. Un abrazo
Por pereza se me acaba cayendo mucha ceniza encima, jajaja. Aunque fumo en exterior y no pasa nada. La verdad es que no soy nada fetichista de la ceniza. Es bonito ver un puro de cepo grueso con larga ceniza, pero me genera algo de estrés… y me acaba cayendo encima. Sí que es bueno mantener un mínimo de ceniza para que el calor se mantenga. Y no me gustan nada las cenizas muy negras, me dan la sensación de ser generadas a demasiada baja temperatura por mal tiro o en puros apagones. Quizás no tenga nada que ver con esto que dices y se deba a la fermentación, pero no me gustan.
Una entrada maravillosa (más) que daría para un capítulo de un libro maravilloso. 😉
Un abrazo
jajajaja… La ceniza negra se asocia siempre con problemas, porque la genera una mala combustión. La mala combustión, eso sí, se puede producir por muchas cosas y no todas son culpa del fabricante. Mira, hoy libro. Un abrazo
Tenía ganas de leer este artículo que en algún sitio dijiste que estabas trabajando en ello antes de ir a sufrir al RD, lo que no esperaba era leer en él tus últimas voluntades. Al final lo que más mola de la ceniza, aparte de armar zorreras buenas como bien dices son los ceniceros anodizados pa’ echarlas 🤘
Desde luego. ¡Y bien anodizados! Un abrazo
Muy interesante el artículo, tenía yo muchos conceptos equivocados sobre la ceniza. En esto del tabaco pasa, como en tantos otros asuntos, que uno se da cuenta de que no tiene ni idea.
Muchas gracias Javier, un placer leerte.
Gracias Miguel Ángel, me alegro de que te haya sido útil. Sobre todo, lo que he intentado es quitarle importancia a la ceniza, porque no es parte esencial del disfrute. Aunque a todos nos gusta una ceniza bonita, por supuesto, pero el cigarro puede estar muy bueno y caérsele la ceniza inesperadamente y no por eso es mal cigarro. UN abrazo
Buen tema Javier, y excelente exposición, pues me has aclarado muchas cosas de la ceniza que desconocía y que veo que es pura logica agronoma.
Hecho en falta, quizás este yo equivocado, si la ceniza del cigarro tiene que ver con su construcción, si el que esté bien torcido un cigarro tiene que ver con la consistencia de la ceniza, como te digo, no sé si por ignorancia mía, siempre asocie que la ceniza fuera uniforme y firme a que el cigarro estaba bien torcido.
Muchas gracias y un abrazo.
Muchas gracias, Juanma. El tema de la construcción-firmeza también lo menciono en la entrada. Los motivos por los que una ceniza es firme no tienen que ver, necesariamente, con la buena construcción, sino la cantidad y el tipo de tabaco que se usa. Un tabaco con seco y viso, capa connecticut, calibre 38, aunque esté bien construido, es decir, que tire y queme bien, la ceniza no le va a aguantar. UN abrazo
Fumar un puro donde hallan estado tus cenizas ??? menuda turra nos entraria casi na no hay quien lo aguante bufff
jajajajajajajajaja… Mis cenizas cansinas… UN abrazo