Tabacos de iniciación (I)

Estaría bueno que en Burkina The Revist publicara una entrada de regreso a los básicos y que no fuera un poco en contra de la corriente de pensamiento más extendida. Yo lo siento, pero es que yo no estoy de acuerdo con que los tabacos de iniciación tengan que ser, necesariamente, tabacos suaves.

Eso es falso.

Como es falso que a las mujeres les gusta el tabaco suave… O el saborizado… O el infusionado.

FAAAAAAAAAALSO.

A las mujeres les gusta exactamente el mismo tabaco que a los hombres. ¡Y el mismo whisky! Es decir, que depende de cada individuo (sin género), de sus preferencias, de sus recuerdos, de sus costumbres…

NIÑO, CÓMETE LAS OSTRAS O NO HAY POSTRE

Para entender lo que quiero decir, debemos tener todos claro (sí, una vez más) que sabor, cuerpo, intensidad, complejidad es una cosa y pegada, otra muy distinta. Uno de los secretos de un buen tabaco es el balance, precisamente. Equilibrio entre ese sabor y esa pegada. A ambas, en castellano, en muchas ocasiones, se les llama fortaleza.

De ahí, la confusión.

Porque hay sabores que son más fuertes que otros. Sabores que son más difíciles de comprender. El dulce, por ejemplo, no es un sabor fuerte. Es un sabor de iniciación y, por eso, gusta tanto a los niños. Pero es raro que a un niño le gusten las ostras.

Es muy raro y, por otro lado, es excelente.

Yo nunca obligo a mis hijos a comerse las ostras. ¡Que se vayan al McDonalds!

Pero que un cigarro tenga un sabor fuerte no significa que, si te lo fumas, te vaya a tumbar. Cuando un cigarro te pega duro es por la nicotina y si tú no estás acostumbrado a una descarga alta de nicotina, entonces sí puedes sucumbir.

El tabaco negro ya es de por sí fuerte, pero no es infrecuente que un defecto en el proceso incremente esa pegada. Un tabaco cuya fermentación es incompleta, por ejemplo, al que no se le ha dado, por la razón que sea, el tiempo que necesita esa hoja para ser fumable.

Todo esto y algo más os lo conté en su día en

FORTALEZA SIN SABOR, UNA AUTOPISTA VACÍA

ME DA EN LA NARIZ

En un destilado es mucho más fácil de darse cuenta. Vosotros, que sois gente bien, gente fina, de una educación exquisita, no sé si habréis hecho alguna vez botellón con ginebra Kings o con ron Pirata.

Andábamos cortos de presupuesto. Éramos jóvenes, claro (aunque después dejábamos el parque limpio).

Asomabas la nariz para oler el vaso y te daba un sopapo en los ojos. Te llegaba una vaharada de alcoholazo cegadora. Y, aunque le pusieras bien de cocacola, notabas que el paso por el gañote era hiriente. Es un problema de integración del alcohol en el espirituoso. No aporta más que agresividad porque el alcohol debe funcionar como transporte para los sabores y los aromas.

En el tabaco, es igual y por eso necesita balance entre las fuerzas. Y por eso, entre otras cosas, se le da tiempo. ¡Tiempo! Que es lo más caro del proceso. ¿Y dónde lo notas? En la nariz. Al hacer el retrosanal, el paso es agresivo y el recuerdo que despierta es el de cuando volvías del cole y el portero acababa de fregar el portal de tu edificio con amoniaco.

Por más que ese cigarro te lo vendan como fortaleza suave, te digo yo que, o estás acostumbrado a la nicotina, o caes. Para que te des cuenta rápido y dejes de fumar a tiempo, primero tiene que darte en la nariz. Eso debería hacerte pensar «Me da en la nariz que este cigarro…». Si pasas, notarás cierto agarrotamiento en la garganta o, incluso, que se te agarra al estómago. Si empiezas a sudar frío, ya la has cagado. Y si te quedas lívido, lánguido, exangüe, sólo espero que, por lo menos, hayas dejado todos tus asuntos en orden ante notario.

El pedo de puro es muy malo. No tiene nada que ver con una borrachera de alcohol. Se pasa rápido, eso sí, pero es intenso. El mareo es fuerte, la sensación de flojera te lleva a tumbarte boca arriba y cerrar los ojos y, por supuesto, te acordarás de lo que has comido. Espero que hayas masticado bien.

Y tal vez se acabe ahí la iniciación. Aunque, quizá, no.

DESPAAAAACIO Y SIN TRAGARSE EL HUMO

A mí me ha pasado alguna vez y aquí estoy. Sigo vivo. Tampoco es como si te arrancaran la uñas. Sucede, si no estás al loro, pero, como digo, se pasa rápido. No hay ni que dormir la mona. Un rato tumbado, relajadico, pensando en por qué te pasan a ti esas cosas, e hidratarse bien (con agua, no seáis cachondos) y ya está.

Por eso es tan importante, para la iniciación, para los que empiezan a acercarse al mundo del cigarro premium (sobre todo si ya son fumadores de cigarrillos) que asuman dos instrucciones básicas:

¡Fuma despacio y no te tragues el humo!

¿Quiere decir esto que si te gusta tragarte el humo eres mal fumador? No. En absoluto. Tú, con tu humo y con tu cuerpo haz lo que te dé la gana, pero si te tragas el humo, el aporte de nicotina es mucho mayor. Si tu costumbre, y yo conozco a algunos que lo hacen, es darle una calada al puro y meterte el humo hasta la cerviz, pues…. ¡Hala! Disfruta.

Pero si eres no iniciado, estás a tiempo de fumar como manda el canon: no tragarse el humo e ir despacio. No traslades tu ansiedad al tabaco, al contrario, permite que sea el tabaco el que te proporcione sosiego. Ésa es una de sus principales funciones: alargar tu tiempo de calma.

«ULYSSES», JAMES JOYCE

Perdonadme, pero últimamente me parece que me alargo demasiado y no quiero ser pesado. Hoy os iba a recomendar unos cuantos cigarros que yo sí considero buenos para iniciación, de distintos precios y fortalezas, basados en lo que de verdad pienso que es importante: aprender a amar el tabaco poco a poco.

Pero me he liado a escribir.

La razón es muy sencilla y hoy, 16 de junio, es el mejor día para explicarlo. Mi intención no es echar a nadie del mundo del tabaco con algo demasiado difícil, categoría en la que, en general, podemos incluir los tabacos fuertes (de sabor). No porque peguen, sino porque son más complejos.

Hoy, 16 de junio, es el Bloom’s Day. El día en que Leopold Bloom, consciente de que su mujer, Molly, se la está pegando en casa con otro señor, retrasa su regreso a casa una peculiar odisea por ese Egeo que era el Dublín de principio del siglo XX. La acción de «Ulises», de James Joyce, considerada la primera novela moderna, publicada el 2 del 2 del 22, se concentra el 16 de junio de 1906.

Es una obra maestra, de una importancia esencial para la historia de la literatura, pero si se te ocurre obligar a un chaval de 15 años a leérsela y, sobre todo, a entenderla, como iniciación al mundo de la lectura, lo echas.

En los puros es igual. Es mejor empezar por un best seller, un novela ligera, algo facilito, entretenido y, después, cuando ya se va teniendo la costumbre, poco a poco, un día llegas al «Ulises», lo lees, lo entiendes…

Y hasta lo disfrutas.

Por cierto, os recomiendo esta edición de Planeta, traducida por Salas Subirats, porque, además, las notas a pie de Chamorro ayudan, y no poco, a cogerle bien la retranca a Joyce.

Y hasta aquí. Ya lo siento. Los cigarros de iniciación que he pensado los recomendaré otro día. Mañana o la semana que viene. Ya veré.

Que hoy ya os he metido una chapa buena.

4 comentarios de “Tabacos de iniciación (I)

  1. JOSE E. AGUIRRE dice:

    Esa es la actitud y el que espere la recomendación de los cigarros para iniciares, seguro que sabe esperar a reiniciarse, que «repriorice lo priorizado» (Montero dixit).

  2. Matias (the hate) dice:

    comooooooor??? esto es un cliffhanger en toda regla, sigues demandando haters o que? demasiado facil para que sea divertido…

    JAJAJAJAJA lo siento pero tenia que ponerlo, por todo lo demás genial entrada, y como experto en leñazos sonados por fumar deprisa, subscribo lo de «calma y sosiego»

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