El "Conerico" - Burkina the revist

El «Conerico»

Voy a daros en la cabeza un rato con el «Conerico», que no sólo de colorado vive el fumador. ¡Ni de maduro! Que, además, no todos los maduritos sois tan interesantes. Está muy bien que vuestro espejito mágico, el del cuarto de baño, os lo repita cada mañana, quererse es bueno, sin duda, pero hacerse trampas en el solitario, no tanto: hay mucho maquillaje ahí. Válgame la alegoría.

Ayer, entre las dieciséis cosas que hice, me fui a comer conejo escabechado a Alcalá de Henares. Así, como suena. Y sin tener que cazarlo. Me uní, una vez más, a la buena gente de la Sociedad Gastronómica Complutense. Se lo han montado muy bien los tíos: comilona, tabaco, copas, mus, risas, sacrificios humanos, duelos al sol… ¡Una pasada! Todos los que pasan por allí coinciden en que, siempre que los socios sobrevivan a las grietas de la convivencia (que no es fácil), el futuro de los fumadores pasa por este concepto de sociedades gastronómicas, clubs privados, txokos…

Clandestinidad, al fin al cabo. Y, en cierto modo, se disfruta incluso más, porque la emoción de la transgresión siempre aporta más sabor. No sólo es la libertad de fumarte un tabaco a gusto, sin molestar a nadie y sin que nadie te moleste a ti. Además, tiene saborcillo a victoria moral: la de poder exclamar un sonoro: «¡Molon labe!» mientras te lo fumas. Molon labe es el desafío de Leónidas a Jerjes, un «‘¡Que os den!«, en griego. Un «¡Benito Camelas, Jerjes!» clásico.

Lo siento mucho por la hostelería, pero el aficionado al buen tabaco es como el agua: no es posible retenerlo, apretándolo en el puño.

La cata iba de tabaco canario y armañac francés: Kolumbus y Samalens.

La idea de la entrada de hoy, que lleva un par de semanas en modo «borrador», era recomendaros cinco o seis tabacos, de todo precio, tamaño y casi procedencia, armados con capa Connecticut. Pero, aprovecho la cata de ayer, para pararme en producto nacional: Kolumbus K-Azul Pirámide.

Otro día, os presento otros cinco de los que yo fumo habitualmente.

Al RICO CONÉRICO

Lo mío con el Conérico no es sólo gusto, que me gusta mucho. No diría que es mi capa preferida, si acaso tuviera alguna, sería más de Sumatra Ecuador, pero en eso soy muy voluble. Lo que me empuja a dar tanto la brasa con la Connecticut es que es una súper-capa, delicada, fina, sutil… Probablemente la más honesta de todas las hojas para capa y su aporte al sabor final del tabaco es muy definitivo.

Fue la reina absoluta de las capas en los años 80 y 90, porque era la quinta esencia de la elegancia. Todos los fabricantes tenían capa Connecticut en sus líneas más caras e, incluso, me voy a atrever a decir que Habanos, que nunca ha usado esta semilla de capa, daba preferencia en la escogida a las capas claras y colorado claro, antes que al carmelita o al colorado oscuro.

¿Por qué? Porque una capa clara, perfecta, sin manchas, tersa, grasa, mate, fina, elástica, con poca vena… Esto es muy difícil de conseguir. Y muy caro, porque no hay atajos.

La Conérico se conoce con este peculiar nombre en Burkina The Revist desde que me encontré este cartel en una fábrica de tabaco nicaragüense:

Los sabores… Delicados, contenidos, sutiles, amables… El dulce es de flor, no de miel ni de caramelo; la madera es cedro, no leña; el amarguito es untuosa almendra cruda; el picante es una leve pimienta negra; tiene su toquecito de sal en la punta de la lengua.

Pero, después, dependiendo de la tripa, tienes todo lo demás: cremosidad, café y hasta, en ocasiones, cacaos, cueros, balsámicos. La capa condiciona mucho el sabor de un tabaco, pero el cigarro tiene más hojas que también aportan lo suyo.

Y, después, está el tema de la fortaleza: no por ser una capa clara, el tabaco es suave. Eso no pasa siempre. Es verdad, que la tendencia de un cigarro Connecticut es a intensidad suaves a medias, pero no es por la capa. Es por la tripa.

KOLUMBUS K-AZUL

Total que ayer, después de comer bien, pero sin ponerme gocho… El conejo estaba riquísimo, un escabechado muy fino… Me pusieron delante este plan:

A elegir, en formato pirámide (156 mm x 52), Kolumbus K-Negro, K-Rojo y K-Azul. Visto el planteamiento, pero sospechando lo que iba a pasar, me dije: «Voy a servirme el último y de la caja que menos éxito tenga«.

Las ligas de los tabacos de Kolumbus no están descritas. Sé, porque me lo ha contado Fernando Sanfiel, que en la tripa lleva algo así como un 43% de tabaco canario, de breña, cultivado en La Palma. Pero lo ligan con algo más. La gran diferencia es la capa. El más exitoso, el K-Negro lleva una capa oscura nicaragüense, imagino que de semilla cubana. El K-Rojo es una capa Habano-Ecuador. El K-Azul, una Connecticut original, de Estados Unidos.

Había también unas cajas de robustitos, pero ese formato quizá no sea el mejor para después de comer, así que lo obvio. Puestas las tres cajas, negro, rojo y azul… ¿Qué pensáis que sucedió?

EL AROMA DEL OTOÑO

Yo tenía muy claro cuál iba a coger, pero me quedé observando a mis conmilitones, a ver de qué caja se servían. Desde luego, el más exitoso (y apuesto a que es el que más se vende), fue Kolumbus K-Negro Pirámide.

Un señor tabaco. De zapatazo. Siempre aparece en la lista de El Pepinazo, porque goza de una buena legión de seguidores y no me extraña: está muy bueno.

El rojo no le fue a la zaga. De hecho, Marc Ripoll, uno de los creadores de la marca, que estuvieron con nosotros, eligió el K-Rojo. No recuerdo cuál cogió Sergio Súñer, el compañero de Marc en la aventura, pero estoy seguro de que no fue el K-Azul. Segurísimo, porque cuando todo el mundo se hubo servido su tabaco, resultó que…

¡LA CAJA DE K-AZUL ESTABA SIN ESTRENAR!

Entonces, yo me serví del azul, del conérico, porque me encanta el aroma del otoño que se desprende de su pie.

EL AROMA DEL OTOÑO

Y ahora que veo la foto, compruebo que Sergio cogió del rojo también.

Kolumbus K-Azul es un tabaco de intensidad suave-media, con los sabores de conérico que os he descrito arriba, más lo que dijo mi hija Ana de él («El aroma del otoño»). Un tabaco canario, ¡made in Spain!, que va ganando complejidad y fuerza poco a poco, hasta un final cafetero, cremoso y hasta un punto especiado. Me dio una fumada muy satisfactoria de hora y media. De hecho, cuando me marché corriendo de la Sociedad Gastronómica Complutense (aún tenía tres citas más esa tarde, una profesional y dos personales), todavía me quedaba el último tercio que, por supuesto, me acabé mientras conducía por la A-2, despacito y por la derecha, dejando pasar a todo el mundo con el cabo del tabaco en la boca, aspirando sus últimos suspiros y pensando…

Molon labe, cabrones. Me lo vais a prohibir por los cojones.

(Este rematito tan finolis se lo dedico a Sergio, que me hizo ayer una crítica dura y con toda la razón).

Por cierto, el precio del tabaco en estancos es de 7’70 euros (pvp a 29 de abril de 2022, pero podría variar). Si queréis saber más de Kolumbus, aquí tenéis su web:

KOLUMBUS CIGARS

2 comentarios de “El «Conerico»

  1. Sergio de Suñer dice:

    Aclaración: Nunca me atrevería a una critica dura al gurú más deslenguado del tabaco…. o la furia de Javier Leonidas caería sobre mi (con toda la razón!).

    Gracias Javier por todos tus post/reportajes. No solo entretenidos en su primer tercio, son divertidos en su segundo tercio y con un toque técnico en su último tercio, Son de esas “vitolas” que se quieren repetir! Un fuerte abrazo!!

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      Gracias Sergio. Sí que me hiciste una crítica, no lo niegues, y yo te lo agradezco. Y, además, no te falta razón en lo que me dijiste. Me has hecho pensar, y eso es lo que te agradezco más, en cómo buscar una vía alternativa para nadar y guardar la ropa. Y de gurú, nada. Periodista, juntaletras, plumilla, poeta… Amigo. Pero sólo eso. A ver si nos juntamos la semana que viene. UN abrazo.

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