Dom Perignon - Burkina the revist

Dom Perignon

¡Buenos días de lunes! Son las seis de la mañana y aquí estoy, tocando el piano. Hoy no hay podcast. Lo subiré esta semana, no sé si el viernes, que es 3 de diciembre, San Francisco Javier. Tengo una entrevista que creo que puede ser muy interesante, con una mujer del tabaco que representa a una marca muy buena, pero… La grabación se ha retrasado hasta mañana, martes. Desde ese momento, haré lo posible para que esta semana el podcast este a vuestra disposición pero, en cualquier caso, no me voy a agobiar. He decidido que su periodicidad sea quincenal y voy a intentar cumplir mi compromiso como siempre, pero cuando no se puede… No se puede. Punto. Espero que me disculpéis. Mientras tanto os voy a contar un tabaco muy especial que me fumé la semana pasada: Davidoff Dom Perignon.

Va largo, así que tomaos vuestro tiempo… Es lo que hice yo con el tabaco: tomarme mi tiempo. Y me va a dar pie, además, a hablar sobre aquello que rodea el tabaco, que no es tabaco, y que, sin embargo, en mi opinión, aporta un añadido al disfrute.

Hace mucho que no sale su nombre a colación, pero en estos cinco años de Burkina The Revist lo he mencionado en no pocas ocasiones, porque es buen amigo desde hace mucho tiempo, con el que he compartido no pocos tabacos y por el que siento una enorme admiración: Rafael Bernardo. A Rafa lo conocí en Cuba en el Festival del Habano de 2002. Era mi primer festival, mi primera vez en Cuba, mi primer viaje al origen. Tenía yo… 29 años. De esto hace unos 25 kilos.

Rafa me sorprendió desde el principio porque él no es profesional del tabaco. Es ingeniero (ahora jubileta) y los habanos son su pasión. Tanta, tantísima, que la ha convertido en ciencia. No exagero si digo que Rafael Bernardo es, hoy por hoy, uno de los máximos expertos en Habanos del mundo. Tampoco lo digo porque sea amigo mío. De hecho, en 2003 publicó su libro, su manual. Es un texto imprescindible, muy práctico, muy poco poético (es ingeniero, repito, no poeta), que va muy al meollo, a la almendra: todo lo que quieras saber sobre el proceso de fabricación y disfrute de un un habano.

Paso a paso, clasificado como sólo un ingeniero, un tipo bien estructurado, con la cabeza bien amueblada, puede hacerlo. Por desgracia, no es fácil ya conseguir un ejemplar, pero por suerte para alguno de vosotros (los que hayáis votado a El Pepinazo 2021), yo voy a sortear algunos ejemplares que tengo de más. Uno de ellos, el próximo 3 de diciembre. Estás a tiempo de votar a El Pepinazo 2021. Aquí tienes las bases:

EL PEPINAZO 2021 – BASES

Por cierto, Rafa… Tú no has votado. ¡Igual te toca tu libro!

MYCIGARSITE

Además de amigo, Rafael Bernardo para mí ha sido fuente de inspiración y de información constante desde el principio. Tenía una web, que ya ha borrado (y es una pena) en la que se encontraba un montón de información buena. De hecho, cuando volvía yo del Festival del Habano y tenía que escribirme el reportaje para la revista, esperaba a que él publicara su crónica para fusilarle todo aquello de lo que yo no me hubiera enterado. ¡Es que él se enteraba de todo! ¡De todo! Y cuando no íbamos al festival, directamente me «inspiraba» en su crónica.

La web, además, disponía de un léxico tabacalero cubano completo que era cojonudo. Esto no se ha perdido porque han sido muchos los expertos que se lo han copiado-pegado en sus webs (y sin mencionar fuente). Si lo buscáis por Google, lo encontraréis fácilmente. Está en el libro, además, al final. Si yo acabo el mío, que estoy en ello desde hace más de un año, lo publicaré al final como anexo. Ya le pedí permiso y lo citaré, por supuesto, porque es su trabajo. Pero muchos en internet no lo han hecho.

A Rafa debo agradecerle muchas cosas, sin duda, pero no puedo dejar de mencionar el Sir Winston que nos fumamos el día que celebramos su jubilación. Aún tengo la anilla guardada.

Fue el 17 de marzo de 2011. Uno de los mejores tabacos que me he fumado en mi vida. Si tuviera que hacer un top 5 histórico, sin duda, H.Upmann Sir Winston by Rafael Bernardo sería uno de ellos. Cuando nos dijo, antes de la pandemia, que tenía una julieta para compartir con los amigos, en mi imaginación se dispararon todas las fantasías. Rafa, que es un tipo meticuloso y muy riguroso (que no quiere decir que sea serio, ni triste, ni pelmazo, nada de eso), se construyó su propio humidor en casa con una nevera vieja forrada de cedro. Esa nevera, que yo nunca he visto con mis ojos, es legendaria. Cuando pienso en ella, la tengo como el tesoro de Alarico.

EL TESORO DE ALARICO

Como os cuento, hace ya tiempo, creo que antes de la pandemia, Rafa nos dijo a unos cuantos amigos, ya todos veteranos en esto del tabaco: «Tengo unas julietas en casa«, en el tesoro de Alarico, «que me gustaría compartir con vosotros«. Una Julieta nº2 (178 mm x 47) de la nevera de Rafael Bernardo es, seguro, una joya. Podía ser otro Sir Winston como aquel…. ¡O un Espléndido de Cohiba! Un Bolívar Coronas Gigantes… Un Churchill de Romeo y Julieta. Cualquiera de ellos. La Julieta nº2, por desgracia, es un formato de otros tiempos. Un cigarro de gran fumador para el que se necesitan un tiempo y un lugar del que hoy, lamentablemente, la mayoría de los fumadores no disponemos.

En cualquier caso, una Julieta sacada del Tesoro de Alarico es como una pata de la mesa del Rey Salomón. Una ocasión única. Y no fue fácil reunir al grupo porque siempre había problemas de agenda, pero, al final, Rafa dijo una fecha y punto. El que no pueda venir, que se lo imagine. Lo cerramos en Pasión Habanos hace dos viernes. Fuimos Rafael Bernardo, Pepe Aguirre, Jesús Llano, Ángel Antonio García Muñoz y yo. Como alineación, me recuerda al Zaragoza de los cinco magníficos… Por edad, digo.

Y Rafa desveló la julieta nº2 que nos tenía reservada:

Davidoff Dom Perignon. Cubano. Fabricado en los años 80.

Voy a intentar contarlo, pero no sé si voy a ser capaz de expresar la emoción que sentí cuando vi la caja. Es un tabaco legendario, como la historia de la tumba de Alarico en el lecho del río Busento, en el sur de Italia. De esto, ya no hay y la inmensa mayoría de los fumadores sólo pueden imaginarlo. Una vez más, gracias a Rafa (¡gracias, gracias!), he tenido el privilegio de disfrutar de una auténtica joya.

LA EMOCIÓN SUMA

Muchos fumadores, eminentemente prácticos, disfrutan del tabaco sólo a partir del momento en que lo encienden. Esto es respetable y, como digo, muy pragmático, muy poco romántico. Al fin y al cabo, un tabaco es para fumarlo y nada más. Yo lo entiendo, y lo respeto, pero para mí es limitado. Yo soy de los que piensan que la emoción de fumar comienza cuando se pone el pie en la cava, sigue cuando se elige el tabaco (y se descartan los demás) y se hace más larga, más placentera cuanto más se tarde en darle candela.

Según mi forma de verlo, la ilusión suma al disfrute. Quizá no le dé sabor, es cierto, pero sí emoción, la de saber que estás en las puertas de una ocasión única e irrepetible. Desde el momento en que Rafa puso la caja sobre la mesa y yo me serví de mi Davidoff Dom Perignon (el que me tocaba, sin tantearlos todos), empecé a alargar mi disfrute. Sobé el cigarro, lo tanteé en la mano, lo olí, lo acaricié, me lo llevé a los labios, le hice mil fotos… Estaba perfecto, bien conservado, con grasa en la capa aún y olía a cedro, a flores, a heno…

Jesús Llano, que es un genio, me miró varias veces. Ellos ya se habían encendido su tabaco y yo seguía dándole vueltas en la mano, llevándome a la nariz y a la boca, pero apagado. «Me encanta el moñigueo«, le dije y Jesús, ya tú sabe, me sonrió. En el amor, es bonito recrearse en los prolegómenos, retardar el clímax siempre alarga el disfrute.

Después de un buen rato sobando y oliendo el tabaco, le pedí a David Cagigas, que ya está al pie del cañón en Pasión Habanos, un palo cortado VORS Apóstoles, de González Byass. Yo no sé deciros si entre un cigarro cubano de los 80 y este palo cortado es posible la armonía o no. Y me importa muy poco. Lo único que pesó en mi decisión es que frente a lo sublime, sólo hay espacio para lo sublime. Sin duda el sabor, los aromas y, sobre todo la intensidad y el equilibrio cuentan, pero lo grandioso debe ir de la mano con lo grandioso.

Quizá esté equivocado, pero, en mi opinión, todo lo que he contado hasta ahora… Y me estoy alargando a propósito… Suma. La expectativa que a menudo es tan traidora, la imaginación, el deseo que se retroalimenta, los preliminares, la circunstancia, los amigos (esencial)… Todo suma.

UNA EXPERIENCIA EXTRAORDINARIA

Sin contar con todos estos preliminares, la julieta nº2 (178 mm x 47) me duró más de dos horas y media. Fumar despacio, además de que mantiene la temperatura del tabaco controlada y evita, sobre todo si el tabaco es antiguo, que se te desmonte en medio de la fumada. Un Davidoff Dom Perignon de los años 80, es decir, cuarenta años desde que se torció, tiene a sus espaldas un periplo en el que le ha podido suceder casi de todo. Rafa lo tenía en su nevera forrada de cedro a gastos pagos, all inclusive, vacaciones perpetuas, a cuerpo de rey y amo del serrallo… Pero antes de llegar a su poder, el tabaco estuvo en otras manos. A saber.

Fumar despacio es mucho mejor, es más rico y, además, aunque sea de perogrullo, ¡el tabaco te dura más! De hecho, a las diez nos echaron vilmente de Pasión Habanos (cerraba y David no hizo concesiones, lógicamente) y yo me acabé el tabaco en el coche.

Tengo que añadir, por alargarlo un poco más, que de los cinco que tuvimos la suerte de fumar el Dom Perignon, yo soy el aprendiz. Todos ellos, Pepe, Jesús, Ángel, Rafa, son grandes fumadores, muy expertos, y su conocimiento se basa, sobre todo, en lo mucho que han fumado que, al final, es lo que más importa. Todos, incluido el aprendiz, estuvimos de acuerdo en que fumar Davidoff Dom Perignon es un experiencia extraordinaria. Inolvidable. Un tabaco que queda en el recuerdo para siempre y que, además, puedes decir, casi presumir, yo fumé esa julieta nº2 con Rafael Bernardo.

LA SERIE CHÂTEAU

Davidoff Dom Perignon se lanzó a los mercados en 1977. Como marca, Davidoff ya era propiedad de Oettinger Group (el actual propietario) y estaba en su momento más esplendoroso. En 1968 se habían lanzado tres cigarros míticos, ya con la anilla blanca de Davidoff, el nº1, el nº2 (aún se fabrica) y el Ambassatrice, pero la relación de Zino Davidoff con Cuba venía de mucho antes.

En 1946, el propietario de Hoyo de Monterrey, Fernando Palicios, visitó a Zino en Ginebra. Quería hacer algo nuevo para dinamizar el mercado europeo de tabacos que, después de la II Guerra Mundial, había quedado lógicamente muy apagado. «La primera idea de mi vida«, dice Zino Davidoff, «porque yo nunca tenía ideas».

(Ved el vídeo completo, si tenéis tiempo, pero la parte en que habla de esto está en el minuto 20, más o menos y no es más de dos minutos).

En ese almuerzo se dio vida a los Gran Cru de La Habana, la línea de Hoyo de Monterrey, exclusiva para la tienda Davidoff de Ginebra: Château Haut-Brion, una perla (102 mm x 40), Château Lafite, franciscano (116 mm x 40), Château Margaux, mareva (129 mm x 42), Château Latour, corona (142 mm x 42) y Château Yquem, un formato 152 mm x 42 que no tiene nombre ni se ha vuelto a fabricar.

Los tabacos se fabricaban sin anilla, atados en mazo con un lazo, caja de tapa corredera… Invento del que nunca tenía ideas. A ver si os suena. Esta caja de la foto ya es de los años 80.

Cuando en 1968, Davidoff y Cuba Tabaco llegaron a un acuerdo para la producción de la marca Davidoff, la Serie Château se incorporó al vitolario, aunque siguieron sin anillarse hasta 1980. Os lo he dejado a huevo para sacar conclusiones sobre el destino de esta serie Cháteau ya desaparecida, pero… Hoyo de Monterrey, cinco formatos, cigarros sin anillar, caja de tapa corredera, atados con un lazo dorado, nombre en francés…

Después de la serie Château, en 1977, como paso natural, Davidoff dedicó un cigarro a una gran marca de champán: Dom Perignon. Dicen que cada tabaco cuenta una historia. Este, como podéis ver, cuenta un libro de historia. Historia del tabaco.

DOMADO POR EL TIEMPO

Los Davidoff Dom Perignon se fabricaban en El Laguito, la fábrica de Cohiba. Quizá en casa de mi padre hubiera más de uno en sus tiempos, pero yo no lo recuerdo. Cuando se descontinuó, yo tenía 18 años. Así que nunca he podido fumar uno reciente, sin tanto tiempo de envejecimiento. Hace un par de meses, y os lo conté, fumé un Château Margaux…

CIGARRO DEL MES DE SEPTIEMBRE – BURKINA THE REVIST

La impresión que me da es que, siendo originalmente Hoyo de Monterrey, los cigarros Davidoff cubanos. en su día, era tabacos de intensidad suave a media, sutiles y sabrosos. Un poco en la línea de lo que son las series clásicas del Davidoff Dominicano. Al fin y al cabo, el creador es la misma persona, Zino Davidoff. Evidentemente, no voy a ser tan insensato de decir que son lo mismo. Eso no lo creo. Seguro que el cubano, aunque ya forma parte de un territorio legendario, era un cigarro sensiblemente diferente al dominicano. No voy a decir mejor. ¡No! Diferente, otro sabor, pero en el mismo perfil de intensidad: sutileza, expresividad y poca fortaleza. Un tabaco bien fermentado, bien añejado y domado.

Eso mismo dijo Jesús Llano, mientras lo fumaba. Y creo que tiene razón. No os tengo que recordar que Jesús ha sido Premio Hombre Habano (se llamaba así entonces), un reconocimiento de Habanos al mejor estanquero del mundo en el año 2006. Creo que su opinión está más que acreditada.

Al tabaco, aunque estaba muy bueno (y muy bien conservado), se le notaba el tiempo. Los años doman al tabaco, le hacen perder fortaleza y parte de su complejidad, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que fuera un cigarro plano. La presencia de la madera era evidente, como no puede ser de otra forma, el cedro de la caja cumple su función, con su consecuente aporte de vainillas y de frutos secos.

Otra cosa que pierde el tabaco con el tiempo es la evolución. La razón es la misma. Al Dom Perignon se le notaba que, seguramente, hace 40 años, el sabor daría un salto y que su dulzura no sería tan floral durante toda la fumada para dar paso a caramelos, aromas más tostados y cafeteros. Cuando un cigarro de esta calidad, sin embargo, a pesar del tiempo, asoman sutilmente esos sabores tostados, torrefactos, un puntito de café, el humo es untuoso; el retrogusto, largo; el paso por nariz, pura seda…

Es una delicia. Y, como creo haber demostrado con tan larga entrada, tiene el añadido de ser un tabaco legendario. Es posible que no le sume sabor, yo no digo que no, pero le aporta algo que está al alcance de muy pocos fumadores: el peso de su historia.

Al alcance de los que tenemos la suerte de tener amigos generosos como Rafael Bernardo. Muchas gracias, Rafa. Otra experiencia inolvidable que te debo.

7 comentarios de “Dom Perignon

  1. Fuica dice:

    Puede que se me haya pasado, pero creo que no cuentas porque lo llamaron Dom Perignon. Por cierto, ya he visto por ahí el nuevo Davidoff year of the tiger, felicita a quién haya tenido la idea para la capa porque es un acierto, muy original. Tengo curiosidad por saber como la han hecho…

    • JAVIER BLANCO URGOITI dice:

      No lo sé a ciencia cierta, pero lo dejo caer. Si te das cuenta, nombro la serie Château de Davidoff, todos con nombre de Gran Cru de Burdeos. Para usar esos nombres para los cigarros, a Zino le valió con llamar a los propietarios de las bodegas y llegar a un acuerdo verbal. Pidió el consentimiento, se lo dieron y tan amigos. Nada por escrito. Todo entre, como se decía antes, caballeros. Treinta años después, aparecieron el Château Mouton-Rothschild y el Dom Perignon. Le da continuidad a la serie Château, pero ya no era Zino Davidoff sino el Dr. Schneider, propietario de Oettinger. Supongo que quisieron continuar con la saga, pero la verdad es que no lo sé. UN abrazo

  2. Luis Mi (el Dios Nox) Valladolid dice:

    Por favor lo que he disfrutado con esta entrada, aún una parte que me la apunto, por si algún día, y de forma personal ( que espero se dé) nos vemos, y te lo preguntaré sin miramientos…..por lo demás GRACIAS!!

  3. Pedro Merino dice:

    Gran artículo, Javier, a mi se me ha hecho corto, como imagino que a ti el cigarro. El libro de Rafa es un tesoro, en el primero que leí sobre alejamiento, propilenglicol y lasioderma, Imprescindible.

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